9 nov. 2012

Que quedó de ayer?
Mucha bronca, mucho alivio, mucho reclamo y mucha esperanza para que las cosas cambien.
Escuché a lo largo del día ningunear la protesta, una protesta que es legitima. Lo peor es que aquellos que ninguneaban son aquellos que más atentos tienen que estar a lo que dice el pueblo. Si bien es cierto que los quejosos somos menos de la mitad, constituimos el 100% tanto como el 54%, se entiende?
Argumentaciones para desmerecer pedidos tangibles y reales hubo por montones: casi siempre el caballito de batalla era el hecho de ser una minoría o no tener derecho a protesta por ser seguidores de una idea impuesta por los medios o por periodistas partidarios de dichos medios. Sinceramente me parece que es escapar por la tangente y eso, en definitiva, no lleva a nada.
Debo decir que se sintió bien salir a caminar por la calle y sentirse seguro; mi reciente experiencia personal me dice que salir a caminar por la calle de noche es peligroso, aunque también lo fué esperar un micro a las 2 de la tarde, asique personalmente lo viví con mucha emoción. De nuevo me sentí como cuando tenía 10 años y salía a andar en bici con mis amigos sin miedo mas que a pegarme un buen palo y eso es motivo de felicidad innegable, al menos para mi.
Con respecto al reclamo en sí puedo decir que se veía bastante variado aunque todos tenían cierta convergencia, quiero decir que eran varios tópicos pero todos se repetían una y otra vez: "la inseguridad -de la que fuí víctima dos veces en menos de quince días-, la inflación, el cepo al dólar, la guita de los pobres jubilados, la rerererere", entre otras. Desgraciadamente para aquellos Anti manifestación ricachona son cosas que existen en el día a día porque, seamos sinceros, negar la inseguridad, que las cosas cuestan un huevo, que la guita de los viejos se usa para pagar pelotudeces, que uno no puede comprar un puto dólar sin que te revisen cual terrorista árabe es verdad... o yo estoy viviendo en un país alterno, no lo sé.
Creo que ahí también está el eje de la cuestión... No está bueno que te tilden de paranoico o directamente de loco insalvable por notar que hay cosas que no concuerdan con las versiones oficiales del cuento. Yo siempre me pregunté si a Moreno el asado le sale lo mismo que a mi, por ejemplo. Y así podría seguir por horas.
Que se yo, voy a jugar a ser creyente -aunque no lo soy- y voy a pensar que algo de lo que se hizo va a servir para que cambien las cosas, aunque sea un poco.

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